lunes, 14 de octubre de 2013

Un cortesano, estando pensativo, fue preguntado por su dama en qué pensaba, y él le respondió este mote:


Pienso que mi pensamiento
no piensa que pienso yo.

Si por pensar enojaros
pensase no aborresceros,
pensaría en no quereros
por no pensar desamaros;
mas pensando en mi tormento,
sin pensar por dónde vo,
pienso que mi pensamiento
no piensa que pienso yo.

Francisco López de Villalobos

jueves, 3 de octubre de 2013

Pasarela gatuna, una exhibición en toda regla. Se regalan.

                         Tenían otra caja para meterse, pero ellas preferían estar así... Lógica gatuna...



                                               Claro, y ésta, como no cabía, se quedó fuera.




                                                  Los quintillizos haciendo un castellet.












El prisionero

-Por el mes era de mayo,            cuando hace la calor,
cuando canta la calandria            y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados               van a servir al amor;
sino yo, triste cuitado,                 que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día          ni cuándo las noches son
sino por una avecilla                    que me cantaba al albor;
matómela un ballestero,             déle Dios mal galardón.
Cabellos de mi cabeza                 lléganme al corvejón,
los cabellos de mi barba              por manteles tengo yo,
las uñas de las mis manos          por cuchillo tajador.
Si lo hacía el buen rey,                hácelo como señor;
si lo hace el carcelero,                 hácelo como traidor.
Mas quién agora me diese         un pájaro hablador
siquiera fuese calandria,             o tordico, o ruiseñor,
criado fuese entre damas            y avezado a la razón,
que me lleve una embajada        a mi esposa Leonor:
que me envíe una empanada     no de trucha ni de salmón
sino de una lima sorda                 y de un pico tajador,
la lima para los hierros                y el pico para la torre.-
Oído lo había el rey,                     mandóle quitar la prisión.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Belerma

 
¡Oh Belerma!, oh Belerma!,    por mi mal fuiste engendrada!,
que siete años te serví    sin de ti alcanzar nada;
agora que me querías    muero yo en esta batalla.
No me pesa de mi muerte,    aunque temprano me llama;
mas pésame que de verte    y de servirte dejaba.
¡Oh mi primo Montesinos!    lo que agora yo os rogaba:
que cuando yo fuere muerto    y mi ánima arrancada,
vos llevéis mi corazón    adonde Belerma estaba
y servilda de mi parte,    como de vos yo esperaba
y traelde a la memoria    dos veces cada semana,
y diréisle que se acuerde    cuán cara que me costaba;
y dalde todas mis tierras,    las que yo señoreaba:
pues que yo a ella pierdo,    todo el bien con ella vaya.
Montesinos, Montesinos,    mal me aqueja esta lanzada;
el brazo traigo cansado,    y la mano del espada;
traigo grandes las heridas,    mucha sangre derramada,
los extremos tengo fríos,    y el corazón me desmaya.
¡Que ojos que nos vieron ir    nunca los verán en Francia.
Abracéisme, Montesinos,    que ya se me sale el alma;
de mis ojos ya no veo,    la lengua tengo turbada.
Yo vos doy todos mis cargos,    en vos yo los traspasaba.
--El Señor en quien creéis    él oiga vuestra palabra--
Muerto yace Durandarte    al pie de una alta montaña;
llorábalo Montesinos    que a su muerte se hallara:
quitándole está el almete,    desciñéndole el espada;
hácele la sepultura    con una pequeña daga,
sacábale el corazón,    como él se lo jurara
para llevar a Belerma,    como él se lo mandara.
Las palabras que le dice    de allá le salen del alma:
--¡Oh mi primo Durandarte!    ¡primo mío de mi alma!
¡Espada nunca vencida!,    ¡esfuerzo do esfuerzo estaba!
Quien a vos mató, mi primo,    no sé por qué me dejara.
                            




Romancero viejo