martes, 1 de abril de 2014

Melilla

Destino: Melilla
Medio: Avión
Tiempo: cuatro días, tres noches

Primera foto de Melilla



Parque del paseo


Vista nocturna del Pueblo o Melilla la Vieja


En Melilla la Vieja: el faro y el hospital del rey


Vista del puerto de Melilla desde Melilla la Vieja


Placita

Desde Melilla la Vieja


Gente durmiendo...

Desde la otra punta de Melilla


Kilómetros de playas preciosas


Cuentecillo

Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que viniendo por la calle un hombre, que se llamaba Poncio de Aguirre -el cual tenía fama de confeso-, que el don Dieguito me dijo: Hola, llámale Poncio Pilato, y he a correr. Yo, por darle gusto a mi amigo, llaméle Poncio Pilato. Corrióse tanto el hombre, que dió a correr tras mí con un cuchillo desnudo para matarme; de suerte que fue forzoso meterme huyendo en casa de mi maestro, dando gritos. Entró el hombre tras mí, y defendióme el maestro, asegurando que no me matase, asegurándole de castigarme. Y así luego, aunque la señora le rogó por mí, movida de lo que la servía, no aprovechó: mandóme desatacar, y azotándome, decía tras cada azote: ¿Diréis más Poncio Pilato? Yo respondía: No, señor; y respondílo dos veces a otros tantos azotes que me dió. Quedé tan escarmentado de decir Poncio Pilato, y con tal miedo, que, mandándome el día siguiente decir, como solía, las oraciones a los otros, llegando al Credo -advierta vuesa merced la inocente malicia-, al tiempo de decir: Padeció so el poder de Poncio Pilatos, acordándome que no debía de decir más Pilato, dije: Padeció so el poder de Poncio de Aguirre. Dióle al maestro tanta risa de oír mi simplicidad y de ver el miedo que le había tenido, que me abrazó. y me dió una firma en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces que los mereciese. Con esto fuí yo muy contento.

Fragmento de El Buscón de Quevedo