jueves, 3 de octubre de 2013

El prisionero

-Por el mes era de mayo,            cuando hace la calor,
cuando canta la calandria            y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados               van a servir al amor;
sino yo, triste cuitado,                 que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día          ni cuándo las noches son
sino por una avecilla                    que me cantaba al albor;
matómela un ballestero,             déle Dios mal galardón.
Cabellos de mi cabeza                 lléganme al corvejón,
los cabellos de mi barba              por manteles tengo yo,
las uñas de las mis manos          por cuchillo tajador.
Si lo hacía el buen rey,                hácelo como señor;
si lo hace el carcelero,                 hácelo como traidor.
Mas quién agora me diese         un pájaro hablador
siquiera fuese calandria,             o tordico, o ruiseñor,
criado fuese entre damas            y avezado a la razón,
que me lleve una embajada        a mi esposa Leonor:
que me envíe una empanada     no de trucha ni de salmón
sino de una lima sorda                 y de un pico tajador,
la lima para los hierros                y el pico para la torre.-
Oído lo había el rey,                     mandóle quitar la prisión.

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