domingo, 23 de junio de 2013

Ilici-Elx-Elche



El caso es que solo a Mimi y a mí se nos ocurre pillarnos un tren (y mira que nosotros somos de coche) para escaparnos un día a Elche en pleno fin de semana de san Juan. Alicante … San Juan… reducción de gasto público… calculen la X de esta regla de tres.


Efectivamente (bueno, tanto no, exagerada que es una).

El caso es que habíamos decidido esta pequeña escapada hacía ya tiempo y, a pesar de todo, la vivimos con bastante ilusión. Una vez que conseguimos bajarnos del metro de Madrid en hora punta tren, echamos mano a nuestras fotocopias caseras imprimidas de Internet y nos pusimos a recorrer la ciudad que, se encontraba, más o menos, así.
 

Bueno, tampoco tanto...
 
Así mejor
 
Si hay algo que destacar en Elche, son las palmeras. Por todos lados las encuentras, en pequeños jardines, en los huertos… Por algo son el símbolo de la ciudad.
Lo segundo que hicimos fue dirigirnos a la oficina de turismo. Nos compramos la tarjeta turística y, a caminar. En verdad, los sitios que queríamos ver se encontraban bastante cerca, lo que unido a que este año el verano no va a ser verano, sino una simple primavera francesa, nos hizo más ameno el día.
Primera visita, la basílica de santa María. Una minicatedral coqueta, oscura en la que se celebra cada agosto el drama litúrgico o “Festa” (el misterio de Elche). De allí nos fuimos al museo de la “Festa”, con su audiovisual y reproducción de la granada (esa de donde bajan a los niños vestidos de angelitos). Muy bien explicado todo lo relacionado con la representación,  muy bonitas las maquetas que reproducen los artificios e interesantes las ropas de las Marías, apóstoles y judíos, instrumentos de los ángeles, etc.
De aquí, decidimos irnos a comer. Ya sabíamos lo que queríamos probar: el arroz y costra, ¿o era arroz con costra?


Tras esto, tocaba bajar las viandas y caminar. Seguimos la orilla del Vinalopó, cruzamos algún puente y fuimos a parar al barrio del Raval.
A la vuelta, decidimos ver algunos lugares turísticos: la torre de Calahorra (o Calaforra), los restos de los baños árabes, el museo de historia y arqueología de la ciudad (con sus dos edificios, el moderno debajo de la plaza y el palacio de Altamira, del que podemos destacar las vistas de la ciudad desde las almenas o torres, donde nos atacaron varias palomas porque, aparte de palmeras, Elche está llena de palomas. (Y de reproducciones de la Dama de Elche, que ni siquiera está allí).
Cuando salimos, como ya habíamos visto lo que pensábamos visitar, decidimos seguir caminando y pasearnos por el Huerto del Cura, especie de jardín botánico en el que bla, bla, bla. Vamos, que nos hicieron una foto al llegar al más puro estilo Minihollywood de la que se enamoró Mimi, aportando otro ejemplar a nuestra galería de recuerdos frikis.
Una vez bien asoleados y aborregados, decidimos volver a la estación y tomar el tren de retorno. Una cuestión, si el tren pasa a y 30 minutos, ¿es operativo poner la vía por la que va a parar a y 29 minutos? ¿Es que el conductor del tren decide en qué vía parar cuando va entrando a la estación? ¿No es, quizá, digamos, un poquito tercermundista? ¿O es que no estoy yo muy al tanto de cómo funciona el tren hoy en día?
Trenes aparte, muy contenta con el viaje, y, cien por cien recomendable la ciudad.

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