lunes, 3 de junio de 2013

Paseíllo por Águilas



El caso es que Mimi y yo descubrimos unas rutas organizadas por Murciaturística (u organizadas por alguna entidad Quenodebesernombrada y publicitadas por Murciaturística) y decidimos hacer alguna. En verdad os digo que hay que reservarlas con tiempo, porque en seguida se acaban las plazas (¿he dicho ya que son gratuitas?) y, así, nos vimos la Medina de Nogalte en Puerto Lumbreras y hoy, hemos visitado una ruta panorámica teatralizada de Águilas. A ver… Sí, soy aguileña de nacimiento y lorquina de habitamiento (ya, sé que no existe el palabro). El caso es que, lo que normalmente vemos con nuestros ojos ignorantes, cuando hay alguien que te cuenta, te explica e ilustra, parece que cambia y, nuestros ojos se abren a ver eso que tantas veces hemos visto, de manera diferente. Eso me pasó ya con la Medina y, me ha vuelto a pasar con Águilas.

Bien, comenzamos la ruta en la oficina de turismo, donde nos enteramos de que la ruta duraba la friolera de tres horas y media. (¡!). Allí nos recibió la Paca, una moza del siglo XIX, molinera, con su cestita preparada para ir a llevarles el pan a los soldados que viven en el castillo. Nos pidió, salerosa, que la acompañáramos y así, de paso, nos iba explicando “cosicas” del pueblo.
La primera parada fue el Ícaro que hay en el puerto, con su máscara carnavalera en la cabeza. Desde allí nos señaló, en la otra punta de la bahía, la Aguilica y nos contó la historia del señor que subía todos los días borracho y, un día que subió sobrio, se cayó y se mató.
De allí, nos movimos a la zona de la lonja, con su faro de fondo. Un joven pescador nos estuvo explicando cómo es el arte de la pesca: los barcos, las redes, la nasa de los pulpos… Resulta que hay atracado un “yataco” abandonado, lleno de polvo, de dueño desconocido, con el que no saben lo que van a hacer (con el dueño desconocido no, con el yate).
Tras esto, nos dispusimos a subir al castillo, haciendo una paradica en el camino para ver los dos paseos: el de Parra y el de las Delicias. ¡Que no sabía yo que el alcalde Parra hizo rebajar un cabecico que llegaba a la playa para darle salida al paseo de las Delicias! Ya empezamos con la renovación urbanística costera pre-ley de costas en el siglo XIX… Retomando la subida, desde aquí se ve la otra parte de Águilas: la zona de la Colonia, no porque huela bien, que lo huele, sino porque allí se establecieron los ingleses (colonia de ingleses) que vinieron a explotar la minería, allá por el XIX también…
Vaya, el ascensor que hay en el castillo no funciona. La Paca nos dijo que nunca ha funcionado (dineros malgastados en un ascensor sin utilidad…). Estando contando gaviotas, de repente vino un berberisco que quiso robarnos. Era el primer día del pobre, quien fue tirado por la borda del barco por su padre. La Paca se apiadó de él y se vino con nosotros a explicarnos cosicas.
El fortín de Águilas mola, con su reconstrucción del polvorín, la casa del gobernador, la sortida, la mazmorra, el aljibe, las vistas… Por cierto, hay un fallo en los cañones… ¿A ver quién lo adivina? Me encantó el audiovisual en el que un guiri inglés, con un poquico acento, explicaba que había venido a Águilas a ver dónde trabajó su abuelo, ya que este le había dicho que en esta ciudad había pasado los mejores años de su vida. ¡Qué gracioso el guiri inglés, con su media melena rubia surfera!
Después de asolearme viva, bajamos hacia las termas. Mi gozo en un pozo, estaban cerradas, para el asombro de la Paca, puesto que para la visita deberían haber estado abiertas. (This is Spain, honey!). Así que nos metimos en el museo arqueológico: pequeño, pero coqueto y acogedor. Además el museo cuenta con una de las piezas hebreas más importantes de los comienzos de nuestra era, una pequeña lamparilla judía, que se conserva perfectamente y que ha sido expuesta por todo el mundo. Me llamó poderosamente la atención la colección de monedas y billetes de todo el mundo, pude ver desde Dracmas hasta Rublos, pasando por Centavos, Chelines o Peniques.
Llegamos al final de la visita en la plaza del ayuntamiento. ¡Muy bonita su fachada neomudéjar! El pirata nos dijo que perteneció a una familia acaudalada y así quedó de  testimonio en unas letras kufís escritas. ¡Y la pava de la barsa! Que no es pava siquiera, sino un cisne atacado por una serpiente, símbolo de la lucha del bien y del mar (sic).
El remate final vino con una improvisada actuación de algunos de los visitantes. A  Mimi le tocó hacer de pirata Solimán, quien robaba una bella dama para llevársela al Sultán. Tras un combate de espadas, tanto el sultán como Solimán son muertos a manos del amante de la bella dama.
En resumen: me encantó la experiencia, un diez para los actores-guías, las tres horas y media se me pasaron volando y, todo gratuito. Una muy buena manera de conocer nuestro municipio o localidad. Cien por cien recomendable.

1 comentario:

Nolet dijo...

Qué turísticos!!