sábado, 4 de mayo de 2013

     Ayla y Jondalar. Pocas bromas hemos hecho mi prima y yo con esta parejita. Siempre se lo montan en el sitio más inoportuno, encima de la caverna, debajo de la caverna, vamos, que seguro que inventaron la rueda para poder hacerlo en el coche-carro picapedrero.
     Desde luego esta chica vale un quintal, es todo un ejemplo de fuerza, determinación y valentía. El otro no se queda atrás, aunque lo suyo no es expresar sus sentimientos; tuvo que ver como casi se casa con otro para darse cuenta de que no podría vivir sin ella. Desde luego un gran trabajo de documentación tuvo que realizar (y tiene, que todavía anda en ello) la autora para pintarnos a través de sus letras todos los espacios, lugares, ambientes, plantas, arbustos, sonidos, animales... que nos transportan a una época pasada en la que el ser humano no era "el dueño" del planeta, sino que vivía pendiente de sus cambios y sus humores. Muy recomendable.

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