Ayla y Jondalar. Pocas bromas
hemos hecho mi prima y yo con esta parejita. Siempre se lo montan en el sitio
más inoportuno, encima de la caverna, debajo de la caverna, vamos, que seguro
que inventaron la rueda para poder hacerlo en el coche-carro picapedrero.
Desde luego esta chica vale un quintal, es todo
un ejemplo de fuerza, determinación y valentía. El otro no se queda atrás,
aunque lo suyo no es expresar sus sentimientos; tuvo que ver como casi se casa
con otro para darse cuenta de que no podría vivir sin ella. Desde luego un gran
trabajo de documentación tuvo que realizar (y tiene, que todavía anda en ello)
la autora para pintarnos a través de sus letras todos los espacios, lugares,
ambientes, plantas, arbustos, sonidos, animales... que nos transportan a una
época pasada en la que el ser humano no era "el dueño" del planeta,
sino que vivía pendiente de sus cambios y sus humores. Muy recomendable.
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